Los estudiantes de la carrera de Pedagogía en Castellano, quienes en unos años más ejerceremos como trabajadores de la educación bajo el sistema constituido en estos tiempos, declaramos de forma general y unificada el enorme descontento que sentimos ante la serie de reformas que el Ministerio de Educación ha implementado en nuestro país. La presente declaración comprende la diversidad de perspectivas abordadas en el espacio de asamblea, y hace converger dicha multiplicidad de miradas respecto a la temática. En conjunto,
NOS NEGAMOS TAJANTEMENTE A LA APLICACIÓN DE LAS REFORMAS EN CUESTIÓN, principalmente la “propuesta de modificación a la Matriz Temporal de Educación Básica y Media contenida en los Decretos Supremos N° 256 y N° 254 de Educación, que modifica los Decretos Supremos N° 40 y N° 220 respectivamente”, y que consiste en el aumento de las horas al currículo escolar en los ramos de Lenguaje y Matemáticas, en desmedro de Historia y Educación Tecnológica, los cuales serán reducidos con el fin de concentrar el estudio de los jóvenes en aquellas áreas supuestamente “primordiales” para el desarrollo intelectual y el rendimiento académico del estudiante.
MANIFESTAMOS NUESTRA OPOSICIÓN AL RESPECTO, PUES:
Los contenidos de la asignatura a la que nos dedicamos (Castellano), dependen estrechamente del conocimiento histórico-social y crítico con el cual cuenten nuestros estudiantes, junto a la capacidad de creatividad e imaginación (promovida por ramos como Educación Tecnológica). Ni la lectura, ni la comprensión, ni la creación de obras literarias, pueden estar exentas de las habilidades impartidas por estos ramos. Un estudiante que se acerca al lenguaje y la literatura sin conocimiento histórico ni retórica creativa e imaginativa, es objeto fácil de la manipulación intelectual e ideológica a la que se enfrente. La capacidad de “autonomía intelectual” de un/a estudiante es lo que define su poder de decisión, discernimiento y emancipación. La concentración exclusiva del estudio escolar en los ramos de Lenguaje y Matemáticas solo define qué tan homogéneo será nuestro pensamiento, es decir, qué tan hábiles somos para la producción del sistema laboral y político capitalista y neoliberal, porque un trabajador sumiso es aquel que obedece las condiciones históricas que lo acometen, y no a las que él mismo construye con el ingenio y la creatividad que aprendió en la escuela, y el conocimiento crítico de la historia que le enseñaron exhaustivamente.
Por otra parte, la educación es de por sí un estudio interdisciplinario. Mientras mayor sea la gama de aprendizajes dispuestos por un currículo escolar, mientras más amplias sean las áreas que abarque, mejor interrelación de ideas podrá hacer el estudiante, enriquecido por la enorme diversidad de ideas, teorías, conocimientos, habilidades, descubrimientos y perspectivas que los distintos ramos escolares le proporcionen. Ciertamente, esto es lo que no pretende generar un gobierno que defiende la producción capitalista y la discriminación social según estatus económico. De lo contrario, su proyecto de “militarización laboral” se vería truncado por la crítica de cada individuo a las propias condiciones y la creación autónoma de nuevas propuestas político-económicas y alternativas diversas para la construcción de un mundo en donde la proliferación de ideas y la democrática discusión social sean la plataforma del desarrollo político, económico y urbano; de los servicios de salud, educación, transporte, vivienda; de la distribución del alimento, del equilibrio medioambiental, y de la decisión misma sobre lo que se necesita producir y lo que solo promete ambición, descontento, desigualdad, lujo, contaminación y competencia.“El estudio no se mide por la cantidad de páginas leídas, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre, ni por consumir ideas, sino por la capacidad de crearlas y recrearlas, en libertad de acción y pensamiento por parte del pedagogo y del estudiante” (Paulo Freire, pedagogo brasileño, gran exponente de la Educación Popular).
Como principales responsables de la aproximación de nuestros futuros estudiantes a la literatura, la comprensión lectora, el análisis lingüístico y la creación literaria, creemos inaceptable una reforma de tan perjudiciales consecuencias. Es cierto que la educación depende de la práctica profesional en particular de cada profesor, pero del mismo modo son las instituciones en las que nos desenvolvemos – delimitadas por el sistema político-económico en el que están insertas – las cuales restringen las estrategias pedagógicas que son posibles utilizar, y el tipo de estudiantes al que el pedagogo deberá enfrentarse. Nuestras estrategias pedagógicas se verán reducidas a la mera “capacitación” de estudiantes cívica, política y moralmente inconcientes, transformando las escuelas en preuniversitarios obligatorios. Veremos cómo el rechazo de los jóvenes al estudio por cuenta propia, a la iniciativa personal, la autonomía y el placer por la lectura, irá peligrosamente en aumento, deshumanizando a la juventud, promoviendo simplemente la ambición por obtener un título profesional que les asegure un puesto laboral para cubrir las millonarias cuentas que los presionarán en el futuro.
Así de gris y mediocre es la realidad que estamos asumiendo como normal.
De la misma magnitud es nuestra rabia ante la sistemática mercantilización que estas reformas hacen de los últimos espacios que nos quedan, a los futuros trabajadores, para sostener la esperanza, la justicia, la igualdad, la dignidad, la autonomía y la libertad, en nuestros mismos puestos de trabajo.
Nos quieren burgueses, nos están sobornando para que aceptemos las peores condiciones en que podrían dejar a la Educación pública. Aquí decimos:
¡¡¡NI CAGANDO!!!
Profesores de Castellano en formación,
Asamblea de estudiantes de la carrera Pedagogía en Castellano.
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